22 de octubre de 2010

Flexiones de alma


Masa

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre
y le dijo: «No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron dos y repitiéronle:
«No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando: «Tanto amor, y no poder nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…
César Vallejo 10 de noviembre de 1937

4 comentarios:

Julieta dijo...

Qué muerte inútil, que no sea en vano.. fuerte el poema, golpea ..
Saludos

Seamus dijo...

Escalofriantemente hermoso

chica hindú dijo...

Vallejo siempre es un cross de izquierda en la mandíbula

Jo-Tsé dijo...

es un poema esperanzado