22 de mayo de 2011

Sin importancia


Propongo una adivinanza: expondré el reglamento de una institución que realmente existió en los años 1840-1845 en Francia, es decir, en los inicios del período que estoy analizando; no diré si es una fábrica, una prisión, un hospital psiquiátrico, un convento, una escuela, un cuartel; se trata de adivinar a qué institución me estoy refiriendo. Era una institución en la que había cuatrocientas personas solteras que debían levantarse todas las mañanas a las cinco. A las cinco y cincuenta habían de terminar su aseo personal, haber hecho la cama y tomado el desayuno; a las seis comenzaba el trabajo obligatorio que terminaba a las ocho y cuarto de la noche, con un intervalo de una hora para comer; a las ocho y quince se rezaba una oración colectiva y se cenaba, la vuelta a los dormitorios se producía a las nueve en punto de la noche. El domingo era un día especial; el artículo cinco del reglamento de esta institución decía: «Hemos de cuidar del espíritu propio del domingo, esto es, dedicarlo al cumplimiento del deber religioso y al reposo. No obstante, como el tedio no tardaría en convertir el domingo en un día más agobiante que los demás días de la semana, se deberán realizar diferentes ejercicios de modo de pasar esta jornada cristiana y alegremente».

19 de mayo de 2011

Fácil

Sólo a la libertad los hombres la desdeñan, únicamente, a lo que me parece, porque si la deseasen la tendrían:
como si se rehusasen a hacer esa preciosa conquista porque es demasiado fácil.

Étienne de La Boétie 
(Sarlat, 1530 - Germignan, 1563)



11 de mayo de 2011

Como el espectro


Alas

I
El señor Sartre medita sobre asuntos
de actualidad

Encogido, en la enorme ala rota de su sombra,
recrea el mundo en el interior de su cráneo, como el espectro de una flor.

Sus ojos son prisioneros del hecho
de que sus manos se han convertido en moscas.

Con sonrisas calaverales, las poblaciones de la tierra
deambulan entre tumbas, como el hoguera apagada por la lluvia.

Bosteza, ladeando un ojo extinto
hacia la mosca dormida en la tulipa.

Pero su corazón sigue impertérrito...

El pólipo fragmentador de cráneos de su cerebro, sobre su diminuta raíz,
se cierne irónico sobre él:

los ángeles, susurra, son metáforas, a imagen del hombre,
para diversión de la amiba.

Sigue sentado en la estancia doblemente oscura,
meditando en la raya carroñófaga.

Y en sus alas, leves, blancas, como de ángel,
y en los labios cupídicos del vientre nefasto.

Y en el mar, esta lengua en su oreja, lamiendo la última página.


Ted Hughes

5 de mayo de 2011

Nunca en la vida




Sofía nos comunicó que Lenin, informado de la enfermedad de Pedro, había enviado los mejores médicos de Moscú a Dmitrov, así como víveres y golosinas para el enfermo. También había ordenado que se le enviaran frecuentes boletines sobre el estado de Pedro y de publicarlos en la prensa. Triste desenlace: tantas atenciones dadas en su lecho de muerte al hombre que, por dos veces, había sido perseguido por la tcheka y que por esa razón fue forzado a tomar un retiro no deseado. Pedro Kropotkin ayudó a preparar el terreno para la Revolución, pero se le rehusó participar en su vida y en su desarrollo; su voz resonó en Rusia a pesar de la persecución zarista, pero fue ahogada por la dictadura comunista.

Pedro no buscaba, ni nunca aceptó, favores de ningún gobierno, no toleraba ninguna pompa ni mucho menos la fastuosidad. Por eso decidimos que el Estado no debía entrometerse en su entierro para que éste no fuese rebajado por la participación de los oficiales: sus últimos días en la tierra debía pasarlos sólo en compañía de sus camaradas.

Schapiro y Pavlov fueron hacia Moscú por Sacha y los demás camaradas de Petrogrado con el fin de encargarse de los funerales. Me quedé en Dmitrov para ayudar a Sofía a preparar a su querido difunto en vista de su traslado a la capital para el entierro.

(...) Hasta el día en que fue obligado a encamarse, Pedro continuó trabajando en las más difíciles condiciones sobre su obra La ética, que, pensaba, sería su obra cumbre. Su más grande pesar, en sus últimos momentos, era que no tuvo un poco más de tiempo para terminar lo que había empezado hacía años.

En los tres últimos años de su vida, Pedro había sido apartado de todo estrecho contacto con las masas, y a su muerte volvia a tomar plenamente contacto con ellas. Campesinos, obreros, soldados, intelectuales, hombres y mujeres sobre un radio de varios kilómetros, asi como toda la comunidad de Dmitrov, afluía a la quinta de Kropotkin para rendir un último homenaje al hombre que había vivido entre ellos compartiendo sus luchas y sus dolores.

2 de mayo de 2011

Flexiones de sonido

Se pueden escuchar y ver por lo menos dos clips de cada artista que pasó por éste excelente programa.