27 de octubre de 2011

Progresión



Una vez que me asediaste
dos juramentos me hiciste,
tres lagrimones vertiste,
cuatro gemidos sacaste,
cinco minutos dudaste,
seis más porque no te vi;
siete pedazos de mí,
ocho razones me aquejan,
nueve mentiras me alejan,
diez que en tu boca sentí.

Once cadenas me amarran,
doce quieren desprenderme,
trece podrán detenerme,
catorce que me desgarran;
quince perversos embarran
mis dieciséis esperanzas,
las diecisiete mudanzas
dieciocho penas me dan,
diecinueve me aguardarán
veinte más que ya me alcanzan.

Veintiuno son los dolores
que veintidós pensamientos
me dan veintitrés tormentos
por veinticuatro temores,
veinticinco picaflores
me dicen veintiséis veces
que veintisiete me ofrecen
veintiocho de sus estambres,
son veintinueve calambres
los treinta que me adolecen.

Treinta y un días te amé,
treinta y dos horas soñaba,
treinta y tres minutos daban
o treinta y cuatro tal vez;
treinta y cinco yo escuché
treinta y seis junto a tu pecho,
treinta y siete fue a mi lecho
treinta y ocho de pasión,
treinta y nueve el corazón
cuarenta marcó despecho.

15 de octubre de 2011

Caras de roca



Ahora atacan los Grondona

Por Osvaldo Bayer

Como era de esperar, después del ataque de los Martínez de Hoz que nos iniciaron juicio, ahora nos atacan los Grondona. Los primeros por “agraviar a la familia”, los segundos, por tratar de bajar del pedestal al genocida general Julio Argentino Roca quien, para ellos, es un signo irrefutable de virilidad, de talento liberal positivista y guardián del orden y de las fortunas de los que las merecen. Dice Mariano Grondona en La Nación del 2 de octubre, en una nota titulada “La demonización de Roca y el olvido de Sarmiento”: “El escritor Osvaldo Bayer ha propuesto retirar la estatua de Roca de la ciudad de Buenos Aires porque en su opinión fue ‘el Hitler argentino’”.

Le solicito a Mariano Grondona que presente prueba de ello, que cite el lugar donde dice que yo sostengo eso. Fue muy distinto. Ante los que sostienen lo siguiente y ante las pruebas históricas: “Está bien, Roca habrá matado a unos miles de indios y a otros miles los esclavizó mandándolos a la isla Martín García a construir fortificaciones, o a Tucumán a trabajar el azúcar, pero fue quien dio impulso a los ferrocarriles, aprobó la ley 1420 e hizo obras que todavía se pueden ver”. Y yo les contesté: es el mismo argumento fuera de toda ética que sostienen los historiadores nazis: “Está bien, Hitler habrá matado a dos millones o seis millones de judíos, pero eliminó la desocupación en Alemania de diez millones de personas sin trabajo, creó colonias de vacaciones para madres solteras y lugares de recreo para los niños”. Fíjese el lector lo que sostiene Félix Luna –a quien Grondona en su nota califica de “verdadero historiador” en “su espléndida biografía de Roca” en su libro Soy Roca–. Aquí va la cita: “Roca encarnó el progreso, insertó a la Argentina en el mundo, me puse en su piel para entender lo que implicaba exterminar a unos pocos cientos de indios para poder gobernar. Hay que considerar el contexto de aquella época en que se vivía una atmósfera darwinista que marcaba la supervivencia del más fuerte y la superioridad de la raza blanca. Con errores, con abusos, con costos, hizo la Argentina que hoy disfrutamos: los parques, los edificios, el palacio de Obras Sanitarias, el de Tribunales, la Casa de Gobierno”. Hasta ahí Félix Luna, textual.