28 de mayo de 2012

Las obstrucciones ideológicas

DIALOGOS › JOOS ULRICH HEINTZ, CARTONERO Y MATEMATICO

“Para hacer tecnología, antes hay que superar las obstrucciones ideológicas de los investigadores”

De chico fue considerado “infradotado”. Terminó en un reformatorio y allí, a los 16 años, escribió su primera obra de teatro. Doctor en matemática, lingüista y antropólogo cultural, Joos Ulrich Heintz, de origen suizo, es investigador del Conicet y docente en la UBA. Su obsesión es vincular la ciencia con el desarrollo: fue cartonero y manejó una planta recicladora de la Ceamse.



 Por Verónica Engler para Página 12

–¿Cuándo comenzó su afición por la matemática?

–En el primario fui un desastre y en el secundario también, odiaba la matemática. Creo que el talento para la matemática no existe, uno tiene que tener ganas o no, pero matemática puede aprender cualquiera, hasta yo (se ríe). Si yo tengo algún talento es para los idiomas, me resulta muy fácil aprender idiomas, trabajar con textos, lo hice toda mi vida. A los once años empecé a escribir literatura, no me perfilaba para nada como científico, sino como escritor y actor.

–¿Y cuándo se produce el cambio?
–Hasta los dieciséis años mi vida era un despelote descomunal, hubo épocas en las que no comía todos los días y estuve más de un año sin casa. De pequeño yo tenía un comportamiento que no parecía normal para los chicos. Entonces, tanto los vecinos como la familia y mis padres pensaban que yo era infradotado, por lo que me querían mandar a una escuela especial para chicos con problemas mentales. Pero mi madre empezó a tener dudas del diagnóstico de mis vecinos (se ríe), y fue a ver al maestro que me estaba asignado. El estaba especializado en chicos difíciles, y le dijo que íbamos a probar que fuera a una escuela normal. Ese maestro me salvó la vida. Yo muy rápidamente aprendí a leer, lo que me permitió cierto grado de independencia, y en los primeros años de la escuela empecé a desarrollar mis propios intereses que, en la primaria, era sobre todo historia.

18 de mayo de 2012

Ocurrencias



Que el niño aún no piensa significa que está lleno de fantasías, de ocurrencias, lleno de una simpatía. Entonces, con esa concepción, festejamos la ocurrencia y la cancelamos como pensamiento, porque es una ocurrencia risueña y sabemos que todavía no es pensamiento. Cuando festejamos la ocurrencia nada más que como ocurrencia, estamos desestimando el pensamiento, y él también desestima su pensamiento porque piensa que nosotros pensamos que es cosa de chicos todavía. Este mecanismo de reconocimiento que tenemos es peor que el desconocimiento, porque le quita el estatuto de voz auténtica capaz de pensar genuinamente en el terreno en que transcurre.


Ignacio Lewkowicz
PEDAGOGÍA DEL ABURRIDO

12 de mayo de 2012

Capas de doctrinas



Los chicos tienen preocupaciones muy genuinas; cualquier maestra puede dar cuanta de ello. Por ejemplo, una maestra contó que una de las nenas que iba al jardín y cuyo padre había muerto llevó la preocupación a la sala y lo hizo tema; empezaron a hablar entre los chicos con una curiosidad muy genuina y sin preguntarle nada a la maestra. Cada uno contaba acerca de sus experiencias, había algunas afectaciones con los videogames –porque hubo chicos que preguntaron si murió de todas las vidas o le quedaba alguna-.
Se había armado algo así como una asamblea en que se pusieron a pensar descubriendo qué pasa con los muertos, descubriendo que es un problema; y después lo llevaron a la casa. Mi esposa le preguntó a la maestra qué hizo ella. Y ella decía que primero quería meterse para enseñarles “que no, que están en el cementerio”, después quería meterse para coordinar, y finalmente se dio cuenta de que tenía que estar, nomás, estar para que fuese una situación de aula. Y que le costaba mucho ese “estar, nomás”.
Digamos que si la maestra quería “meterse” es que estaba afuera. Y quería meterse en tanto que maestra.
O sea que en tanto que maestra tenía que “meterse”. Hubiera sido muy distinto si ya hubiera estado adentro. Pero en tanto que maestra tenía que abolirse si quería estar adentro, tenía que ser una nena más pensando donde está su abuelo. Ahora se me cruza preguntarme en serio dónde está mi abuelo, o si lo tengo ya establecido por capas de doctrinas. Me parece que jugar o pensar con los chicos es hacerse entonces esas preguntas en serio también, no callarse la respuesta verdadera, y volver a preguntar, constituirse en ese mecanismo de pensamiento. Porque si uno les habla desde afuera a los chicos, que están pensando, entonces ellos ya saben que lo que uno les va a decir no les va a servir.

Ignacio Lewkowicz 
PEDAGOGÍA DEL ABURRIDO

2 de mayo de 2012

Imagen y semejanza



En el comienzo, Dios creó al gato a su imagen y semejanza. Y, desde luego, pensó que eso estaba bien. Porque, de hecho, estaba bien. Salvo que el gato era holgazán y no deseaba hacer nada. Entonces, más adelante, después de algunos milenios, Dios creó al hombre. Únicamente con el objeto de servir al gato, de darle al gato un esclavo para siempre. Al gato, Dios le había dado la indolencia y la lucidez; al hombre, le dio la neurosis, la habilidad manual y el amor por el trabajo. El hombre se dedicó de lleno a eso. Durante siglos construyó toda una civilización basada en la inventiva, la producción y el consumo intenso. Una civilización que, en suma, escondía un único propósito secreto: darle al gato cobijo y bienestar. Es decir que el hombre inventó millones de objetos inútiles, y por lo general absurdos, sólo para producir los contados objetos indispensables para la comodidad del gato: el radiador, el almohadón, el tazón para la leche, el tacho con aserrín, el tapiz, la alfombra, la cesta para dormir y puede que incluso la radio, porque a los gatos les gusta mucho la música. Sin embargo, los hombres ignoran esto. Porque lo desean así. Porque creen ser los bendecidos, los privilegiados. Tan perfectas son las cosas en el mundo de los gatos.

 "Los esclavos" 
Jacques Sternberg