27 de enero de 2013

La llave





El duende escondió la llave tras su espalda y me sonrió con mirada maléfica.
—Jamás te entregaré la llave del mundo de la fantasía —gritó.
—Por favor, dámela, te daré lo que me pides —aseguré.
— ¿Lo que sea? —preguntó malicioso.
—Por supuesto
—Pues quiero a tu hija, la Dama Selenia
—Sabes que no puedes pedirme eso —mordí.
—Entonces dadme los dulces
—Pues por supuesto, aquí están, tómalos, tú primero
En cuanto se acercó con la llave asida en su mano izquierda detrás, le propiné un furibundo mazazo que lo convirtió en papilla con llave y todo.
—Al fin y al cabo, tengo una copia— pensé para mis adentros rascándome el ojo del medio.


José E. Cordeiro

6 de enero de 2013

Flexiones de mirada


No soy un "ser vivo" o siquiera un "hombre" o incluso "una conciencia", con todos los caracteres que la zoología, la anatomía social o la psicología inductiva reconocen a estos productos de la naturaleza o de la historia, soy la fuente absoluta, mi existencia no proviene de mis antecedentes, de mi ambiente físico y social, sino que va hacia ellos y los sostiene, pues soy yo quien hago ser para mí (y, por ende, ser en el único sentido que la palabra puede tener para mí) esta tradición que elijo reasumir o este horizonte cuya distancia en relación conmigo mismo se evaporaría, puesto que no le pertenece en propiedad si no estuviera yo allí para recorrerla con la mirada.  Maurice Merleau Ponty